Hasta el escrutinio de este domingo, Carlos Martínez (Soria, 1973) no había perdido nunca unas elecciones. Es más, de los 19 años que lleva siendo alcalde de su ciudad natal ininterrumpidamente, los últimos 15 los ha ejercido asentado en una cómoda mayoría absoluta. En su intento de romper la «anomalía democrática» que, según sus propias palabras, supone que el partido hegemónico de la derecha lleve casi cuatro décadas gobernando en Castilla y León, el candidato del PSOE ha encajado la primera derrota en las urnas de su vida, pero que, sin embargo, le permite salir con dignidad de este proceso.
«El objetivo es sostener el honor, porque no habrá otra suma posible que la del PP con Vox», pronosticaba al final de la campaña un cargo público socialista que conoce a la perfección la idiosincrasia de la comunidad más extensa de España y una de las más afectadas por la despoblación. A la vista del veredicto de los resultados, la misión se ha cumplido.
El PSOE logró ayer 30 de los 82 escaños de las Cortes autonómicas, dos más de los que se adjudicó en 2022, y, al 99,2% del escrutinio, el 30,7% de los votos, siete décimas más que hace cuatro años. Tal y como preveían la mayoría de dirigentes consultados, perdieron uno de sus procuradores en Burgos, pero a cambio se anotaron uno más en Valladolid, tras el derrumbe de los partidos situados a su izquierda -que se quedan sin representación-, el nuevo que estaba en juego en Segovia por el aumento de población y uno más en la provincia de origen del candidato, a costa de Soria ¡Ya!.
Aun así, la foto finish dista mucho de la posibilidad de una victoria que en el equipo de Martínez atisbaban desde meses antes del inicio de la campaña y que habían visto apuntalada en las dos últimas semanas con la estrategia de movilizar al electorado «progresista» con el No a la guerra, alentada en primera persona por Pedro Sánchez y José Luis Rodríguez Zapatero. Confiado en ese escenario que nunca reflejó ninguna encuesta, ni siquiera la del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), el cabeza de cartel socialista había ofrecido un pacto al presidente de Castilla y León y aspirante a la reelección por el PP, Alfonso Fernández Mañueco, para que se comprometieran a dejar gobernar a la lista más votada y establecer así un cordón sanitario a Vox, en contra del criterio que se mantiene en Ferraz.
«No estoy contento», reconoció ayer el candidato en su comparecencia ante los militantes que se acercaron al hotel de Soria en el que instaló su cuartel general para el seguimiento del escrutinio después de haber hablado con el presidente del Gobierno, que le transmitió que tiene que estar «satisfecho» por lo logrado y que después escribió un tuit para mostrar su «orgullo». «Es un buen resultado, pero ya sabéis que no me gusta ni perder al futbolín», agregó el líder del partido en Castilla y León en la única licencia para la ironía que se permitió.
Durante su intervención, muy dura con Vox, dijo que el partido de Santiago Abascal «tiene que decidir qué quiere ser de mayor» y le advirtió que «si sigue siendo la muleta y asidero permanente para que el PP siga asentado en el poder tiene sus días contados». A lo que apostilló, presuponiendo el resultado de las negociaciones de los próximos días: «Vamos a ver cómo esa derechita valiente sigue siendo la derechita cobarde».
Martínez todavía se mostraba confiado en la victoria cuando pasadas las 20.00 horas llegó al hotel en el que siguió el escrutinio con parte de su equipo y las primeras encuestas apuntaban a que Mañueco volvía a ganar las elecciones. «Vamos a romper los sondeos como dice Zapatero, dar la sorpresa», expresaba sonriente.
Para lo que está acreditado que el todavía primer edil en Soria no tiene buen olfato político es para elegir las batallas orgánicas del PSOE. El ahora barón del partido en Castilla y León fue portavoz de la candidatura de Carme Chacón para luchar contra Alfredo Pérez Rubalcaba por el liderazgo de la cúpula de Ferraz y apoyó a Eduardo Madina primero y a Susana Díaz después en las primarias en las que ambos se enfrentaron a Sánchez. Y siempre acabó en el bando de los perdedores.
Por el contrario, haciendo honor a sus propios orígenes, ha demostrado una resistencia numantina en el ámbito de la gestión. La duración de su mandato como alcalde es un caso único en capitales de provincia de la comunidad que aspiraba a presidir y uno de los contados a escala nacional. Ahora cambiará su cargo de máxima autoridad municipal por un escaño irrelevante en la bancada de la oposición y en un futuro tendrá que volver a testar su capacidad para apostar cuando, llegado el momento, se abra el melón de la sucesión del líder nacional del partido.
