Los dos ceden. Los dos están satisfechos. Los dos reconocen que se trata de un pacto «puntual» y «defensivo» para frenar la maniobra del PSOE y sus socios en el Senado. PP y Vox suscribieron ayer su acuerdo de no agresión para proteger la mayoría absoluta de la derecha en la Cámara Alta. No sin riesgos, ya que se visibiliza más que nunca su lógica de acción conjunta. En efecto, PP y Vox han conformado un tándem en el Senado, pero sólo en las listas, para unir fuerzas frente a Pedro Sánchez, mientras que los socialistas y las marcas del Frente Amplio concurrirán en una lista conjunta, Senado de Progreso.
Vox cede en 20 provincias en las que la división de la derecha podía hacer que la izquierda se hiciera hasta con 40 escaños más en la Cámara Alta. ¿Por qué? Porque, casi siempre, el primer clasificado de cada provincia se hace con tres senadores y el segundo, con uno. Hay excepciones, más aún con la nueva dinámica de voto en bloque, pero lo cierto, reconocen a este diario fuentes de Génova, es que «había en riesgo hasta 40 senadores para la derecha». Y el PP no se presentará en tres provincias –Tarragona, Gerona y Guipúzcoa-, pero creen que Vox tampoco tendrá apenas opciones de lograr escaños en ellas, ya que tiene que sacar mejor resultado que seis de los nueve candidatos de los grandes partidos vascos y catalanes.
Ésa es la clave del Senado: el más votado en cada circunscripción obtiene una prima enorme. Por ejemplo, en 2023 el PP logró el 33% de los votos y el PSOE el 31,7%, pero los populares le sacaron nada menos que 48 escaños a los socialistas, porque al quedar en primer lugar se llevaban tres senadores por provincia y su rival, sólo uno. De ahí la importancia vital que esta jugada táctica.
Con el acuerdo, cerrado a medianoche del domingo y perfilado de manera definitiva en la mañana del lunes, se protegen al máximo las opciones de que el Senado siga teniendo una mayoría de derechas, e incluso con la posibilidad de llegar a la cifra de 161 senadores, tres quintos del total de la Cámara (267), lo que permitiría a PP y Vox nombrar magistrados del Tribunal Constitucional sin necesidad de acuerdo con la izquierda.
¿Cómo se articula el acuerdo para conseguir ese efecto aritmético? La formación de Santiago Abascal, minoritaria de las dos, renunciará a presentar candidatos a la Cámara Alta en seis circunscripciones en las que la división del voto favorece a la izquierda (Las Palmas, Santa Cruz de Tenerife, Cádiz, Valencia, Castellón y Baleares), invitando así a que los votantes conservadores concentren el voto en el PP.
Aunque aquí el PP incluirá un candidato «independiente» a propuesta de Abascal, que irá en el segundo o tercer puesto de la lista. Es importante incidir en que el acuerdo contempla los tres archipiélagos, donde los escaños se reparten de forma algo peculiar: mientras las circunscripciones peninsulares se disputan cuatro asientos, son sólo tres en las islas «mayores» -Gran Canaria, Mallorca y Tenerife- y uno para el resto de islas.
Los populares corresponderán al gesto de Vox retirando su lista en otras tres circunscripciones en las que el escaño resulta casi imposible de sacar: Guipúzcoa -donde hace 26 años que no lo saca-, Tarragona y Gerona (en estas dos no ha logrado senadores jamás).
No queda ahí la entente cordiale de ambos. Vox presentará un solo candidato en 14 provincias -renuncia a los otros dos nombres que podría incluir-, en un movimiento que busca orientar el voto de los simpatizantes conservadores, para evitar que se diversifique. Son Sevilla, Huelva, Asturias, Badajoz, Álava, Navarra, Cáceres, Huesca, Zaragoza, Alicante, Granada, Cuenca, Pontevedra y Jaén.
Las razones del pacto de la derecha son meramente utilitaristas, sí, pero no se habrían producido de no existir buena sintonía entre las direcciones de ambas formaciones. La mejor desde que Abascal y Alberto Núñez Feijóo coinciden al frente de sus partidos. De hecho, el número dos del PP, Miguel Tellado, llegó a alabar el «sentido de Estado» de Vox.
Otro de los puntos del acuerdo es que el PP no entregará ningún senador autonómico más. Los cinco que tiene actualmente el partido de Abascal son fruto de esa vía. Pero fuentes del principal partido de la oposición reconocen que, en todo caso, Vox tendrá grupo parlamentario propio. O sea, un mínimo de 10 escaños. Y si no llegase, se los prestaría el PP para ese trámite. Y luego los recuperaría.
«El votante de Vox nos puede votar en 14 circunscripciones, y en seis Vox no se presenta: el PP consolida 20 provincias sin perder senadores en las tres» en las que cede, aseguran en Génova. «Ellos querían el gesto de que el PP renunciase también, pero son provincias muy difíciles: en Guipúzcoa Vox tiene que adelantar al PNV, a Bildu y al PSOE. Tiene que superar a seis de esos nueve. Porque se reparten cuatro. Ni siquiera Rajoy lo consiguió en 2011», agregan.
Para el PP, se trata de un buen acuerdo que no legitima a Vox como voto útil, sino que escenifica una dupla «defensiva» contra un Pedro Sánchez que cargó duramente contra Feijóo y Abascal por el pacto. «Nos critican por pactar con lo que ellos llaman extrema derecha, cuando ellos han pactado con la extrema derecha. Y nosotros no renunciamos a siglas ni a ningún senador», inciden las fuentes consultadas. «¿Legitimar a Vox? Ya gobernamos con ellos, ¿dónde está la novedad?», argumentan.
En realidad, y tal como adelantó EL MUNDO, el escollo del acuerdo era que Vox exigía al PP no presentarse en algunas circunscripciones, pero Feijóo ha terminado cediendo a ello para desbloquear la entente, aunque menos de lo que exigía Vox.
El pacto de la derecha para el Senado, que repercute a 23 provincias en total, supone poner sobre el papel el nuevo marco de relación que une a Génova y Bambú desde hace unos meses. Dejando atrás el choque constante, las cúpulas de ambas formaciones están inmersas en una tregua política que ha facilitado el entendimiento en esta ocasión, aunque, ante el precedente que sienta este acuerdo, ambas formaciones han querido recalcar que aún hay distancia entre ambas.
«PP y Vox somos partidos muy diferentes y con discursos distintos, lo hemos dicho siempre», señaló Ignacio Garriga, número dos de Abascal. «No es ningún secreto que coincidimos en la necesidad de expulsar a la organización criminal de Sánchez de todas las instituciones», expuso para justificar el pacto.
