El ministro de Asuntos Exteriores, Cooperación y Unión Europea, José Manuel Albares, en el Congreso ayer
El ministro de Asuntos Exteriores, Cooperación y Unión Europea, José Manuel Albares, en el Congreso ayerEduardo ParraEuropa Press

El debate en el Congreso a cuenta de la situación que vive Venezuela puso en evidencia las contradicciones, los miedos y también el desconcierto de los grupos parlamentarios y del Gobierno ante los nuevos perfiles del tablero internacional, sus consecuencias y la postura a adoptar para enfrentarlos.

No hay términos medios ni espacio para posiciones comunes. Nadie sabe cómo afrontar una situación en la que se mezclan dos derivadas: de un lado, la acción unilateral de EEUU saltándose la legalidad internacional para imponer sus intereses y, de otro, la condena de regímenes tiránicos como el de Nicolás Maduro que pisotean impunemente los derechos de sus pueblos.

¿Qué pesa más? Los representantes de los españoles se aferran cada uno a un plato de la balanza sin encontrar el punto de equilibrio. El Gobierno y sus socios de izquierda cargan tintas contra la primera parte de la ecuación; la oposición lo hace en defensa de la segunda.

El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares arremete contra la violación del derecho internacional, la vulneración de la Carta de Naciones Unidas y la pretensión de dibujar un mundo dividido en esferas de influencia, en clara alusión a la política de Donald Trump a quien, sin embargo, ayer, no se atrevió a señalar explícitamente.

«La situación es muy grave», llegó a decir haciendo referencia no sólo a lo acontecido recientemente en Venezuela, sino también a Gaza, Ucrania, Irán y Groenlandia territorios todos amenazados en su opinión por un EEUU «depredador». España, dijo, «no se resignará a un orden de injusticia, arbitrariedad y violencia».

Pero mientras presume de firmeza contra Washington, España se mantiene a la espera. Las reflexiones de Albares acerca de la defensa europea adquiren más relevancia por coincidir con la decisión de Francia, Suecia, Alemania, Noruega y Países Bajos de desplegar efectivos en una operación de «reconocimiento» en el Ártico inscrita en el marco de un ejercicio militar danés que, a todas luces, trata de demostrar a Estados Unidos que los europeos tienen capacidad para patrullar, controlar y defender esas aguas y el territorio groenlandés. Y la ministra de Defensa, Margarita Robles, en paralelo a las palabras de su homólogo de Exteriores, coqueteó con la posibilidad de que España acabe sumándose a la operación militar de sus socios. Pero sin concretar nada y relegando la decisión, en contraste con el liderazgo que ya exhiben otros países del continente y en contradicción con la autonomía que defienden Albares y Robles -ella exigió ayer que Europa tenga una posición «política» más firme frente a Trump-.

Albares, en el monográfico de este jueves previsto para analizar la situación en Venezuela, en realidad habló poco del país caribeño y no puso sobre la mesa ninguna propuesta concreta para impulsar una transición a la democracia más allá de abundar en consignas como que «el futuro han de decidirlo los propios venezolanos», que España siempre estará «al lado de un pueblo hermano» e insistir en que el Gobierno de Pedro Sánchez es el que más ha hecho por ellos liberando presos y acogiendo refugiados, a diferencia del anterior Ejecutivo del PP que, en su opinión, «no movió ni un solo dedo».

El ministro prefiere centrarse en los peligros que conlleva la nueva política imperialista de Washington. Frente a ella propoone crear una difusa Alianza Mundial por el Multilateralismo para «defender la cooperación internacional y la resolución pacífica de los conflictos» y aboga por dotar de impulso a la «soberanía» europea en todos los ámbitos: el político, el económico y también el militar.

Su mensaje suena a un alejamiento de la OTAN, dominada por los norteamericanos, máxime cuando insiste en que la UE debe «asumir la responsabilidad de su propia seguridad y disuasión» creando un «Ejército europeo».

De sus palabras se deduce el diseño, una vez más, de una Europa de dos velocidades en el terreno de la defensa: «Debemos avanzar hacia tener nuestra seguridad en nuestras propias manos, empezando con pasos intermedios como la integración de la industria de defensa y la constitución de una coalición de voluntarios para la seguridad de Europa con los que quieran avanzar más rápido».

La idea no pasó desapercibida para los grupos de la izquierda más radical que apostaron sin tapujos por la salida de España de la Alianza Atlántica, el cierre de las bases militares norteamericanas y el aislamiento de Estados Unidos.

Así, en el rifirrafe parlamentario se escuchó casi más el nombre de Groenlandia que el de Venezuela. Para los europeos, y también para el Gobierno de España, la preocupación se centra sobre todo en lo que vaya a suceder con la enorme isla helada objeto de deseo de Trump.

Por el contrario, la oposición popular puso el foco casi en exclusiva en la cuestión venezolana. El PP escogió a Cayetana Álvarez de Toledo, la voz más dura que hay en sus filas contra el chavismo, para dar la réplica a Albares.

La diputada popular se felicitó de la caída de Nicolás Maduro «gracias», recalcó, «a EEUU» y no dudó en desear que el próximo régimen dictatorial que corra la misma suerte sea el de Cuba. En su opinión, el Gobierno español da muestras de su «hipocresía» cuando arremete contra Washington pero trata de arrogarse las liberaciones de presos que la intervención norteamericana ha propiciado.

Álvarez de Toledo arremetió contra el ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero, estrechamente vinculado como «mediador» a la cúpula chavista desde hace una década. Y no dudó en acusarle de «traficar» con los presos y ser un «lobista», al tiempo que señalaba a Pedro Sánchez como «blanqueador de la dictadura venezolana y demoledor de la democracia española».

La portavoz del Partido Popular reprochó a Albares sus críticas a la actuación de EEUU tachándola de «ley de la selva» cuando, sin embargo, no se le escuchó decir nada parecido frente a los abusos y los crímenes de Maduro. El Gobierno y sus socios, en opinión de los populares, «convocan el derecho internacional de manera hipócrita».

Álvarez de Toledo insistió en que las elecciones presidenciales de Venezuela en 2024 ya fueron la demostración de la soberanía de los venezolanos y acusó al Ejecutivo de haber respondido al resultado de las urnas «extrayendo del país a su presidente legítimo», esto es, el ganador de los comicios, Edmundo González, reconocido por la mayor parte de la comunidad internacional.

«Todo conforma», remachó la diputada del PP, «una política inmoral e ineficaz que siempre ha jugado en favor de la dictadura. Ustedes jamás tuvieron ni voluntad ni valentía. Ahora quieren liberar a Delcy [Rodríguez] y que le quiten las sanciones. El Gobierno socialista quiere reciclar el régimen chavista; quiere que todo cambie para que todo siga igual».

En opinión de Álvarez de Toledo, la ahora «presidenta encargada» bajo la tutela de Trump, Delcy Rodríguez, es «la cara B de Maduro» en tanto que la opositora María Corina Machado «es la líder indiscutible de Venezuela». La diputada popular zanjó su intervención asegurando querer que a Maduro «de vuelta en Venezuela, con Delcy, Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello». «Los cuatro», recalcó, «en El Helicoide».

por Admins

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *