Las fuerzas de seguridad del Estado están rastreando y perfilando las cuentas en redes sociales desde las que se convocó la concentración de jóvenes que el sábado propició una noche de violencia y pillaje en Barcelona. El objetivo es anticiparse a otras convocatorias que se están multiplicando bajo la etiqueta de Blocus para actuar el próximo 31 de octubre, coincidiendo con Todos los Santos y la fiesta de Halloween, en Madrid, Barcelona, Valencia y otras ciudades españolas. Los cuerpos de seguridad quieren evitar, según las diversas fuentes consultadas por EL MUNDO, que se produzca un efecto llamada y que las escenas vividas en la capital catalana acaben extendiéndose por el conjunto del país el 31-O.
La preocupación de algunos cuerpos de policía no se limita a la noche de Halloween. Así, contemplan la posibilidad de que el vandalismo vaya escalando en diferentes localidades y acabe eclosionando en una jornada de caos el 11 de noviembre, coincidiendo con la huelga general. La gran movilización prevista por parte de organizaciones sindicales y partidos, con la vivienda como principal bandera, puede dificultar la vigilancia policial. Ello generaría un escenario propicio para la infiltración de grupos antisistema entre los jóvenes de Blocus -que el sábado en Barcelona eran sobre todo adolescentes de la periferia de origen inmigrante y delincuentes habituales- para actuar con técnicas de guerrilla urbana. Un escenario a la francesa que, en el caso de Madrid, podría ser visto además por las bandas latinas como una oportunidad para el pillaje.
Los disturbios y saqueos de Barcelona cogieron por sorpresa a los Mossos y la Generalitat por el gran número de asistentes y la violencia empleada. La policía autonómica había detectado días antes la existencia de chats que utilizan el nombre de Blocus llamando a emular los alborotos callejeros de Francia, pero nunca pensó que llegaran a producirse o que tuvieran tal magnitud; de ahí su tardía reacción. Sin embargo, lo sucedido en la capital catalana -con un modus operandi en internet muy parecido al de las concentraciones violentas en París, Bruselas o Milán- ha encendido las alarmas de las fuerzas de seguridad españolas.
La Comisaría General de Información (CGI) de la Policía Nacional advirtió durante el fin de semana, según ha podido confirmar EL MUNDO, que el embudo por el cual se captó a los elementos que actuaron finalmente en las calles, muchos de ellos menores de edad sin mucha más ideología que la rabia contra el sistema, constó de una parte visible en la red social TikTok, y de otra más privada, en chats ocultos a la vista general en las aplicaciones de mensajería WhatsApp y Telegram.
Llamó la atención en CGI que esta última fase del tracto de la convocatoria se realizó por canales antaño utilizados por elementos antisistema vinculados al independentismo catalán. El detalle no dirige a los mandos policiales al propio independentismo, sino a quienes pudieron facilitarle al independentismo ese vehículo, esa canal, para conseguir amalgamar entonces el caos en la calle.
Respecto al origen de los hechos de Barcelona, la Generalitat y los Mossos consideran que la convocatoria podría responder a un acto de injerencia extranjera y guerra híbrida. Es una hipótesis que la policía catalana sigue en su investigación y que está respaldada por el hecho de que la Unión Europea ya detectó y denunció en 2023 una campaña de desinformación de Rusia en las redes sociales españolas.
La sospecha de la injerencia se refuerza por el hecho de que otros países europeos -Francia aparte- han sufrido algaradas similares a las barcelonesas, protagonizadas por elementos socialmente análogos y con operativas callejeras muy parecidas, incluso con reclamos visuales muy similares en las convocatorias.
Estas fuentes de Información advierten en las protestas una superficie, lo visible en la calle, pero escudriñan en el fondo para determinar causas y organizadores reales, y observan con expectación la posibilidad de una extensión del fenómeno al resto de España. Una posibilidad que de momento, desde la Comisaría General de Información, se pone a remojar y se observa sólo como eso, una posibilidad, en espera de sustanciarse primero, aseguran, varias convocatorias en Cataluña. Aunque en las redes hay convocatorias en Madrid, Valencia y Bilbao.
Otras fuentes policiales recuerdan que este tipo de convocatorias anónimas para saquear en masa zonas comerciales se da de manera periódica en Estados Unidos sin más motivación que el robo. En la propia Barcelona, durante el confinamiento por el coronavirus, ya ocurrió un episodio esporádico de violencia y saqueo de tiendas de lujo en el Paseo de Gràcia por parte de varios miles de jóvenes.
