Es el hombre de la semana y lo será todavía de algunas semanas más, pero ya no de tantas. A Broncano, cuyo talento no merecía mancharse con la condición de humorista de cabecera del sanchismo, se le escapó el otro día la palabra «marzo», y parece evidente que no la ha oído en la calle Génova. De modo que la convocatoria de generales para el mes de marzo puede que no sea ninguna broma.
Pero el cómico del ente no es el protagonista semanal sino el tipo que da ajustado nombre a Telepedro, de género más bien tragicómico. Pedro Sánchez Pérez-Castejón accedió a La Moncloa mediante una moción de censura pactada con los partidos que venían de dar un golpe separatista contra la integridad territorial de España, y todo apunta a que será desalojado de palacio por el efecto agregado de otro ataque similar, con la única diferencia de que este fue ejecutado desde fuera y no desde dentro. ¿Será Ceuta la tumba del sanchismo? No habría final más redondo, coherente con la trayectoria de un discapacitado nacional, alguien que hace tiempo que no siente nada al hacerlo con España, parafraseando a Rocío Jurado (en la versión de Falete). Lo siento, mi amor.
La causa de su gestión suicida de la catástrofe ceutí hay que buscarla en un error de cálculo que solo podía acertarse desde el corazón. Pero de todos los músculos, es el que menos ha ejercitado Pedro a lo largo de su robótica vida. En su caso no cabe hablar de carrera política sino de obsolescencia programada, y hasta aquí vamos llegando. ¿Cómo iba a saber, el hombre que amnistió a los golpistas catalanes sin que se le amotinara la izquierda, que la izquierda esta vez no le seguiría en su olímpica indiferencia hacia las tribulaciones de una plaza africana de 20 kilómetros cuadrados donde, a diferencia de Andorra, ni siquiera hay rutas decentes para hacer bicicleta de montaña?
Dios sabe lo que me cuesta escribir esto, pero Patxi López tenía razón. Si en aquel lisérgico debate a tres con Susana Díaz le preguntó a bocajarro si sabía lo que era una nación, fue efectivamente porque todos en aquel PSOE sabían que no lo sabía. La respuesta que dio fue esta:
-Por supuesto. Es un sentimiento que tiene muchísima ciudadanía, por ejemplo en Cataluña o el País Vasco.
Ni siquiera se le ocurrió citar a España.
Lo más humillante es que hasta sus socios hispanófobos lo han dejado solo. Años de sumisión al separatismo para esto. Años de sumisión a Mohamed VI de Marruecos para esto. La sumisión, queridos niños, a la larga no compensa.
El error de cálculo de Sánchez en Ceuta puede compararse con el de Rajoy en Cataluña, pero las motivaciones de ambos no admiten parangón. Al registrador gallego no le cabía en la cabeza que una camarilla de burgueses terminara desafiando algo tan sagrado como la ley. Y el submarinista de La Mareta nunca pudo albergar la corazonada de que hasta Bardem odiara tanto a Marruecos como la derecha. Él cree antes en la organización jerárquica del presunto fascismo digital que en la organización jerárquica del Estado de Marruecos. Su problema es que ya es el único que se cree eso.
